A ejemplo de la Virgen Madre, el contemplativo es la persona centrada en Dios. (VDQ 10)

El Carmelo es todo de María

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"He ahí tu madre… Y desde aquella hora
el discípulo la recibió en su casa" (Jn 19,26)

 

La Presencia de María se encuentra ya desde la alborada del Carmelo. Los eremitas erigieron una hermosa Capilla en su honor, pues querían dedicarse por entero a servir a Cristo bajo la mirada amorosa de la Madre de Dios. La escogieron como Titular de la Orden, llamándose “Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo” y se consagraron de manera especial a su amor y culto.

Teresa de Jesús ha hecho suya esta antigua tradición espiritual del Carmelo. Sintiéndose impulsada por un tierno afecto hacia la Virgen y Madre santísima nos dice: " hagamos la vida como verdaderas hijas de la Virgen y guardemos nuestra profesión, para que nuestro Señor nos haga la merced que nos ha prometido" (Fundaciones 16,7)

Es así que, en cada una de nosotras se realiza una comunión y una familiaridad con María, teniéndola por madre, hermana, patrona y continuando aquí en la tierra el amor de  Jesús por su Madre.

Maria es hija de esta Tierra, de este pueblo en medio del cual nosotras vivimos. En Nazareth es María quien suscita en nosotras una actitud de esposa, hecha de acogida  y de escucha. En Belén, ella crea en nosotras una actitud de madre que intercede, que engendra en la alegría y el dolor. En Jerusalén junto a María nos unimos al silencio fecundo del Verbo sobre la Cruz. En el Monte Carmelo, María es la “Señora del Lugar”, la “hermana” quien nos acompaña para que lleguemos, de su mano, hasta la cima del Monte de la perfección que es Cristo.
 

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