“Tú has amado, Señor, esta tierra”

Imprimir


Carmelite-2“¡Bendice alma mía al Señor
Bendice su santo nombre,
Todo mi ser!
¡Bendice al Señor, alma mía,
No olvides ninguno de sus beneficios!”
(Sal 102,1-2)

 

 

“La Tierra Santa ocupa un gran espacio en mi vida de carmelita porque Dios me ha llamado a amarlo y servirlo aquí de todo corazón y para toda la vida”. (Una carmelita de Nazaret)

El Verbo se hizo carne y habitó en esta Tierra… Si nosotros conocemos a Cristo a través de su Palabra, nos acercamos a El también a través de los lugares donde esta Palabra ha resonado: la Tierra Santa es como el quinto evangelio, según la expresión de Pablo VI.

Es un lugar teológico donde toda la historia de la salvación se ha realizado, aquí podemos contemplar, tocar la realidad de la encarnación y de su preparación en el Antiguo Testamento.

La Tierra Santa, tierra de peregrinos, nosotras vivimos con esta misma actitud, como peregrinas, acogiendo en la oración y en el ofrecimiento la gracia específica de cada lugar de la revelación, al encuentro de la humanidad de Cristo, nuestro Esposo.

“Santa Teresa nos invita a permanecer cercanas a la santa humanidad de Cristo, y me parece que aquí en Jerusalén nosotros podemos vivirlo de manera especial. Podemos estar en comunión con la oración de Jesús cuando él iba de mañana muy temprano a un lugar desierto, aquí basta elevar los ojos y ya estamos con El, podemos seguirlo, cruzar una mirada, podemos decir con nuestra Madre Santa Teresa: “Juntos andemos Señor, por donde fuereis tengo de ir, por donde pasareis, tengo de pasar.”. (Una carmelita de Jerusalén)

“Vivir la Palabra de Dios en Tierra Santa, para mí, significa todo el misterio del Verbo encarnado: que nos enseña lo esencial de nuestro ser persona y cómo asimilar esta realidad tan profunda en nuestra vida diaria”. (Una carmelita de Belén)