A ejemplo de la Virgen Madre, el contemplativo es la persona centrada en Dios. (VDQ 10)

La presentación del Señor en el Templo en Tierra Santa

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2 fevrier

 

 

María y José presentan al Señor, el Niño Jesús; suben al Templo y se encuentran con Simeón y la profetisa Ana. Israel da la bienvenida al Mesías, Luz de las naciones.

No hace mucho tiempo, un joven voluntario en Tierra Santa debía terminar su estadía el 31 de enero. "¡Oh, no, imposible! ¡Me quedo hasta el 2 de febrero, cómo salir de Jerusalén sin celebrar la Presentación, en el mismo lugar donde tuvo lugar este episodio de la Historia de la Salvación! "
La liturgia también reclama a Jerusalén: "ilumina tu tálamo, Sion, y recibe a Cristo Rey, acoge con amor a María, que es la puerta del cielo..." (Responsorio: Adorna thalamum)

Sabemos que en el siglo IV, la celebración de la "fiesta de la Presentación" ya tenía un gran lugar:
"El cuadragésimo día después de la Epifanía se celebra aquí con gran solemnidad. Ese día hay una procesión hacia la "Anastasis", todos siguen y todo sucede en el orden habitual, con una gran pompa como para la Pascua. También hay la predicación de todos los sacerdotes y del Obispo, siempre comentando el pasaje del Evangelio Lc 2.21 - 39, que dice que el cuadragésimo día, José y María presentaron al Señor en el Templo y Simeón y la profetisa Ana, la hija de Fanuel, lo contemplaron, y las palabras que dijeron cuando vieron al Señor, y la ofrenda hecha por los padres. Después de eso, una vez terminado regularmente todas las ceremonias habituales se celebran los misterios, y luego tiene lugar el envío". (Historia de la peregrinación de Etheria, 385-387)

La oblación del Nino Jesús, hecha en el templo de acuerdo con la Ley, prefigura aquella de la cruz, máxima expresión de la total obediencia de Cristo hacia su Padre a lo largo de toda su vida. Las luces de las velas anuncian el cirio pascual de la noche de Pascua. El encuentro con Dios que viene a nosotros en su Hijo hecho hombre se prolonga y se cumple en el encuentro que Cristo resucitado y que ascendió al cielo, nos prepara para el final de nuestra peregrinación terrena, en una situación similar a la de su Pascua. Una mujer se acerca, ella proclama las alabanzas de Dios. El evangelista no nos cuenta sus palabras, sino su presencia: ella es una mujer como aquellas que se acercarán a la tumba vacía en la mañana de Pascua, que recibirán el mensaje de vida para comunicárselo a los Apóstoles.

En el gozo de ofrecer nuestras vidas en la ofrenda de Jesús, de María y de José, en el corazón de la Tierra Santa, deseamos que esta celebración nos ilumine todo este mes de febrero...

Dites à l’Esprit Saint que vous l’aimez, dites-lui : Esprit Saint, je t’aime !
On ne dit pas beaucoup, pas assez, à l’Esprit Saint que nous l’aimons. Nous le disons à Jésus, à la Vierge Marie …
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