A ejemplo de la Virgen Madre, el contemplativo es la persona centrada en Dios. (VDQ 10)

Edith Stein : Su Mensaje

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Edith es una exponente fiel de la búsqueda del hombre contemporáneo, su paso de la no creencia a la fe la hace cercana a todos cuantos buscan la verdad. Esta misma búsqueda en su experiencia, era ya una plegaria.

Ella supo conciliar razón y fe, mostrando un sano humanismo. Su preocupación por la mujer y su sentido del otro, que pudo desarrollar especialmente en su tesis doctoral sobre la empatía, evidencian una correcta antropología.

En el plano de su espiritualidad, no obstante su riquísima  formación, sus grandes maestros son los santos del Carmelo: Teresa y Juan de la Cruz, así como Teresa de Lisieux. Los tres dejan su impronta en el alma de Teresa Benedicta de la Cruz: la oración como fundamento de su vida, la experiencia de la cruz como fuente de toda acción en la Iglesia y la confianza y abandono en las manos de Dios. Edith poseía una fuerte consciencia de ser instrumento, ella decía: "quien viene a mí, deseo conducirlo a El".

Al elegir su nombre religioso quiso expresar su vinculo filial con Teresa, su madre en el Carmelo, Benito de Nurcia por todo lo recibido tanto en su cercanía a la Abadía de Beuron como en Spira y el misterio de la cruz, ante la cual se sentía con una especial vocación. Escribe: "Yo pensaba que todos aquellos que comprendiesen qué era la Cruz de Cristo, tenían que cargarla sobre sí en nombre de todos". Y en otro pasaje dice respecto a la vida de la carmelita: "Tu no eres médico, ni tampoco enfermera, ni puedes vendar sus heridas. Tu estas recogida en tu celda y no puedes acudir a ellos. Oyes el grito agónico de los moribundos y quisieras ser sacerdote y estar a su lado... Mira hacia el Crucificado. Si estas unida a él, como una novia en el fiel cumplimiento de tus santos votos, es tu/su sangre preciosa la que se derrama. Unida a él, eres como el omnipresente... pero con la fuerza de la Cruz puedes estar en todos los frentes, en todos los lugares de aflicción.

En el plano humano, además de los rasgos ya mencionados, los testimonios son unánimes al destacar en Edith una exquisita amabilidad, que la hacia cercana a todos cuantos tomaban contacto con ella. Poseía  un  espíritu abierto, fuerte, disciplinado, tenaz y de gran equilibrio y estabilidad de ánimo.

En síntesis, Edith, es una mujer de nuestro tiempo que con la gracia de Dios llegó a la plenitud de su estatura en Cristo haciéndose guía, estrella luminosa  para conducir a los hombres y mujeres de todos los tiempos a la VERDAD que es Cristo. Ella nos enseña con su vida que la rectitud  y la veracidad con que asumimos nuestros deberes y nuestras relaciones son ya una forma de unión con Dios, aunque no se tenga conciencia de ello. Nos enseña el valor de la entrega total, la audacia de ir hasta el fondo, hasta el martirio si esa es la forma que Dios dispone y la confianza a toda prueba en los designios de la Providencia que  solo en el cielo podremos conocer en lo que tiene de misterioso entrelazarse de unos con otros.

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