Pidamos al Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. (GE 177)

nuestra jornada: silencio y soledad

«Dice de ti mi corazón:«Busca su rostro.» Sí, Señor, tu rostro busco:
No me ocultes tu rostro» (Sal 27)

Silencio, soledad y recogimiento, son el clima, la atmósfera que necesitamos para vivir en la presencia y de la presencia del Dios que nos habita. Seguimos así el ejemplo de Cristo que a menudo se retiraba de la multitud para orar solo.

Cada carmelita desde la soledad, peregrina al encuentro con el Señor y cada mañana podemos cantar con el salmista: «Oh Dios, tu eres mi Dios, desde la aurora te busco… mi alma tiene sed de ti» (Sal 62)