Pidamos al Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. (GE 177)

Un nombre

«Le ha sido dada la gloria del Líbano,
y el esplendor del Carmelo» (Is 35)

 

Etimológicamente «Carmelo» designa una variedad de significados. El más conocido ve en la palabra hebrea Karmel (raíz KRM) una cierta equivalencia con el sustantivo Kerem, que significa viña, huerto, jardín; siempre asociado a la idea de fertilidad, riqueza y belleza.

El Carmelo designa también una montaña, teatro de importantes acontecimientos en la historia del Pueblo de Israel, transformándose en lugar paradigmático del encuentro con Dios, desde el profeta Elías y pasando por toda la tradición monástica.