Pidamos al Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. (GE 177)

nuestra jornada: vida fraterna

«¡Oh, qué bueno, qué dulce es ver a los hermanos vivir todos juntos!»
(Sal 133)

En nuestra vida fraterna experimentamos la alegría de vivir en comunidad, buscando en nuestra diversidad ser un reflejo del Dios Trinidad.

Nuestras comunidades tienen la impronta del país donde vivimos, donde coexisten diferentes razas y culturas. Nosotras venimos de cuatro continentes y representamos a 24 naciones.

Siguiendo el deseo de nuestra Santa Madre Teresa de Jesús; cultivamos entre nosotras un clima de alegría y amistad, de afabilidad y de confianza, de sinceridad y sencillez, creando una comunidad calida y fraterna que nutre el tejido invisible de la comunión en la Iglesia, en el mundo y especialmente en el país en que vivimos.

Las grandes fiestas de comunidad son la ocasión donde cada una puede aportar las riquezas propias de su cultura: danzas, cantos, platos regionales, costumbres típicas, representaciones teatrales, etc.