La Federación de Monjas Carmelitas de Medio Oriente y de África del Norte, bajo el patrocinio de Nuestra Señora del Monte Carmelo, se extiende sobre un vasto territorio: desde Siria hasta Marruecos, pasando por Cisjordania, Israel y Egipto. Pertenecemos a una minoría cristiana que habita en un entorno musulmán y/o judío. Históricamente, nuestros países han sido los lugares de revelación bíblica y el cristianismo antiguo, donde surgieron la mayoría de los Padres de la Iglesia y los Padres del Desierto, desarrollándose así progresivamente la expresión de la fe, dando forma a nuestra vida en medio de un mundo multicultural.

Recientemente, figuras como santa Mariam de Jesús Crucificado y san Charles de Foucauld han vivido en estos lugares una llamada interior al olvido sí mismo y a una entrega absoluta.

En el espíritu teresiano que nos anima, nos sentimos igualmente unidas a los demás países de la región y a las comunidades carmelitas de hermanos y hermanas, puesto que estamos reunidos en torno al Mar Mediterráneo, (“Mare nostrum”). La Orden, nacida en el Monte Carmelo a principios del siglo XIII, fue expulsada por los sarracenos a finales del mismo siglo. En la isla de Chipre existieron cinco conventos en los siglos XIII y XIV. Pasando por Irán, los carmelitas teresianos se establecieron en Irak en 1604, hasta su retorno a Palestina en 1631. Su presencia en el Líbano data de principios del siglo XX. El Carmelo femenino se estableció a partir de 1873, en Tierra Santa, en Egipto, en Marruecos, en el Líbano y en Siria. Túnez y Argelia contaron también alguna una vez con monasterios carmelitas femeninos. La Iglesia en Jordania, tierra del profeta Elías espera al Carmelo, pero la hora de Dios aún no ha llegado.

Nosotras queremos vivir “In obsequium Iesu Christi in solatium Terrae Sanctae” (“en obsequio de Jesucristo en favor de la Tierra Santa), conformando este mosaico de culturas, lenguas y tradiciones, llevando en nuestro corazón un profundo deseo de comunión, fraternidad y amor entre los pueblos donde el Señor nos ha llamado, bajo la mirada y protección de María, Reina y Belleza del Carmelo.

Pedimos la gracia de ser un recuerdo vivo de las maravillas que el Señor ha realizado en nuestra Orden, desde el comienzo de nuestra historia, en esta tierra. Insertadas en el corazón de cada Iglesia particular, acogemos sus sufrimientos, aspiraciones y gracias. Queremos ser signo de esperanza y fortaleza en el caminar de aquellos que son encomendados a nuestra oración.