Nueva novena a Santa María de Jesús Crucificado

Carmelita descalza de la Tierra Santa

 

Datos cronológicos

 1846, el 5 de enero: nacimiento en Abellin (alta Galilea en Tierra Santa)

Finales de 1848 – principios de 1849: muerte de sus padres

1858, en Septiembre,  martirio, curación milagrosa (Alejandría – Egipto)

1858 – 1865: trabaja como sirvienta en familias (Medio Oriente y Francia)

1865: entrada en las Hermanas de San José de la aparición en Marsella – Francia

1867: entrada en el Carmelo de Pau (Francia)

1870: junto a otras carmelitas va a fundar el primer Carmelo en India, Mangalor

1872: regreso al carmelo de Pau

1875: junto a otras carmelitas va a fundar el carmelo de Belén

1878: 26 de agosto,  muere en Belén

 

Comenzamos la novena con esta oración que el Señor había inspirado en Santa Mariam

 

Espíritu Santo, inspírame;

Amor de Dios, consúmeme;

En el buen camino guíame;

María, Madre mía, mírame;

Con Jesús, bendíceme;

De todo mal, de toda ilusión,

de todo peligro sálvame.

 

Rezamos lo propio de cada día…

Luego, con Santa Mariam, encomendamos al Señor la intención que tenemos en  nuestro corazón…

Santa María de Jesús Crucificado ruega por nosotros

Ave – Padre nuestro – Gloria

 

Terminamos rezando :

Santa María de Jesús Crucificado, tuviste muchas gracias extraordinarias en tu vida, pero lo más extraordinario de ti fue la sencillez y el amor de tu corazón a través de todo. Por eso vengo hoy a ti con mucha confianza por esta intención. Sé que es con esta misma sencillez y este mismo amor que la presentarás ante el Señor, a quien me abandono por tu intercesión.

 

1er día – el Misterio de la Encarnación

Santa María de Jesús Crucificado, eres hija de esta Tierra Santa en la que Dios se hizo hombre para llevar la salvación a toda la humanidad. Viviendo desde el principio cerca de los Santos Lugares, designaste el lugar de la Casa de David en el que estabas tan feliz de vivir, y el lugar del Evangelio de Emaús. Tú nos indicas así  que hay una gracia a recibir de estos Lugares santificados por el Misterio de la Encarnación. Ayúdanos a recibir también nosotros ese fruto, meditando la Palabra de Dios y acogiendo en la fe la historia de la salvación para que nuestra vida  se convierta en una tierra santa, un lugar donde pueda florecer la salvación.

 

“Yo canto las grandezas,

el poder de nuestro Creador;

Vengan, adorémosle.

Porque somos obra de sus manos,

el precio de su sangre;

vengan, adorémosle”.

 

2do día – El Espíritu Santo

 Santa María de Jesús Crucificado, has vivido con el Espíritu Santo desde el amanecer de tu vida. Incluso a veces le llamabas «mi Madre» tanto que siempre acudías a Él en todas tus necesidades, y Él te circundaba, te guiaba a lo largo del camino, a través de situaciones a veces imposibles. Alentaste a todos los que se acercaban a ti a encomendarse a Él y a vivir de su aliento. Contigo le queremos orar:

“Eres tú quien da a conocer a Jesús. Los apóstoles se quedaron con él mucho tiempo sin comprenderlo; pero una gota de ti les hizo comprender. Tú también me lo harás comprender. Ven, mi consolación, ven mi alegría, ven mi paz, mi fuerza, mi luz”.

 

3er día – La Virgen María

Siempre unida al Espíritu Santo, María te guió y te ayudó en los momentos más difíciles. Ella te ayudó a mantener tu vocación de entregarte solo a Dios y a fortalecer tu fe cristiana  arriesgando  la vida. Ella te sanó milagrosamente muchas veces. Ella te dio algunos mensajes evangélicos esenciales el mismo año que a Santa Bernardita en Lourdes: “Confía siempre en Dios pase lo que pase, y prefiere siempre el prójimo antes que a ti misma”. Enséñanos a recurrir a Ella en todo momento y en todo lugar, como niños, para que podamos cantar contigo:

“A los pies de María, mi querida Madre,

encontré de nuevo la vida”

“Habito en las entrañas de mi Madre, allí encuentro a mi Amado”.

4to día – Jesús Crucificado

Ante el sufrimiento de Cristo crucificado y ante los falsos caminos que llevan a los hombres a su perdición, te precipitaste a entrar en el Misterio de la Divina Misericordia: “dame tus sufrimientos y ten misericordia de los pecadores”. Esta unión con Jesús Crucificado fue expresada en tu carnea través de los estigmas de la Pasión que reviviste cada semana. Por tu gran amor a Dios y a tus hermanos, enséñanos a vivirlo  todo en unión con Jesús Crucificado, a recibir de su Pasión la sangre y la vida que nos salva.

“A Jesús no se le conoce, a Jesús no se le ama… ¡Amemos el Amor, amemos el Amor!

Desde el centro de esta tierra mi corazón gime, mi corazón suspira

Salve, salve,  árbol bendito que nos das la vida”.

5to día – combate espiritual y humildad

A lo largo de toda tu vida viviste  muchos combates; primero para seguir tu vocación, luego como sirvienta y como religiosa. Incluso tuviste momentos de combates más directos con el diablo, como Jesús en el desierto. Saliste victoriosa no por ti misma, por tu propia fuerza, sino por tu pequeñez habitada por Jesús. Te llamaste a ti misma «la pequeña nada» y así él podía ocupar todo el espacio en ti.

Enséñanos a combatir así, contando con el Señor y amándolo con todo nuestro corazón.

“Le pregunto al Altísimo: “¿Dónde vives? Me responde: “cada día hago un nuevo hogar, un nuevo nacimiento en una cueva, en una casa pobre… ¿Sabes cómo aplasté al enemigo? Por haber nacido tan bajo»

 

6to día – caridad

Un día de tu infancia Jesús te susurró “todo pasa, pero si quieres darme tu corazón, siempre estaré contigo”. Y oraste: Quisiera un corazón más grande que el universo para amarte mi Dios

La Virgen María te dijo “prefiere siempre al otro antes que a ti misma”. Tú lo pusiste en práctica y nos dices: “Tienes sed y te dan agua, dale este vaso a tu hermano que tiene sed. Pero tú tienes más sed que él… Pero el Señor te dará a beber de su mano. »

“Haz, Señor, que todos los corazones de mis hermanas, de mis hermanos sean tuyos.

La caridad es el manto que lo cubre todo… Yo te pido la caridad, la caridad…

Oh Señor, danos un granito de caridad para que la tierra no se eche a perder; un granito de caridad que el sol no pueda secar. Una pequeña semilla… ¡Oh árbol magnífico!”

 

7mo día –El perdón

¡Has viajado mucho por tu tiempo! Recorriendo por los países del Medio Oriente, en Francia y hasta la India. Durante estos viajes y en el trajín de las fundaciones, a veces fuiste maltratada por hechos o por personas, alguna vez incluso condenada injustamente, pero siempre conservaste un corazón lleno de amor y perdón. Tú misma tuviste un profundo sentido de tus pecados y te sentías completamente renovada por el sacramento del perdón. Un día en que todos tus pecados pasaron en detalle ante tus ojos y clamaste a Dios:

“Señor, ya está hecho, ¿qué quieres que haga? Tú sabes el dolor que siento en mi corazón… Acuérdate de la obra de tus manos… La multitud de tus misericordias borrará la multitud de mis pecados”

 

8º día – La Iglesia

 Compartiste las alegrías y los sufrimientos de la Iglesia de tu tiempo, orando por el Concilio, ofreciendo tu vida y tu oración por el Santo Padre. Tú dijiste: “¡Ay! ¡Cómo me dan alegría las oraciones del sacerdote! En el sacerdote solo veo a Dios”. También has sostenido con tu oración, en la “comunión de los santos”, a las personas en gran prueba a través del mundo. Ven en mi auxilio hoy nuevamente en esta inquietud que me habita  y abre mi corazón a esta gran comunión en Dios. Contigo quiero orar por la Iglesia, por los sacerdotes

“Madre mía la Iglesia, rosa mística, te amo… Cuando una Madre sufre, todos los hijos sufren con la madre. Oh! Cómo quisiera dar mi sangre por la Iglesia, todo lo ofrezco por ella, por la unión”.

 

9° día. El cielo

Viviste «con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo», en el corazón de la Trinidad, con los santos y los ángeles que te eran tan familiares como tus hermanas, y en medio de tus múltiples trabajos de hermana conversa.  Ayúdanos a comprender cuán cerca está el Cielo de nosotros, nos ama y sólo pide para socorrernos que le abramos un rinconcito de nuestro pensamiento, de nuestra fe, de nuestro corazón. Abre nuestros ojos a la grandeza y la belleza de nuestras vidas  en Dios y cuán importante es no limitarnos a nosotros mismos, a nuestros propios puntos de vista.

“¡Oh! ¡Qué dulce es ser tuya, oh mi Salvador! Tu nombre es grande; llena el cielo. Todos lo alaban y se llenan de gozo en Su presencia. El abismo donde yo estaba era profundo; el Señor me rescató. Desde ese día, estoy en Su seno para siempre. ¡Feliz el día: nunca termine!…”

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