San José – «el parlero»

En el Año Teresiano

Mientras celebramos, este año, el 400°  aniversario de la canonización de nuestra madre Santa Teresa – Año Teresiano en Ávila -, no olvidemos el papel central de San José en la vida de la Santa Madre y honrémosle de todo corazón en este difícil momento de nuestra historia. Teresa dedicó diez de los diecisiete monasterios que fundó, a San José, lo que nos da una idea del lugar que ocupa  este  glorioso santo en el nuevo estilo de vida iniciado por Teresa.

El Evangelio de Mateo nos dice que María era la novia de José (Lc 1,18); el «justo», es decir, el hombre que sigue la ley del Señor, que hace lo que Dios quiere… Teresa le da muchos títulos: abogado, bienaventurado santo, padre, señor, glorioso patriarca, maestro de oración. Además, no duda en confiarle una misión más importante que la que normalmente corresponde a todos los santos: “Dios da otros santos para ayudarnos en tal o cual necesidad; pero el glorioso San José, lo sé por experiencia, extiende su poder a todos. Nuestro Señor quiere que entendamos por esto que, así como le fue sumiso en esta tierra de destierro – que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar- , así en el cielo hace cuánto le pide …”. (Vida 6, 6)

Honrarlo

Celebraba su fiesta con gran solemnidad, y quería que todos pudieran conocerlo y honrarlo para compartir el bien que estaba hacía a su cuerpo y  alma: “Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía… Querría persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que se le encomiendan. Paréceme ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida; si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío.

Si fuera persona que tuviera autoridad para escribir, de buena gana me aplicaría a contar con todos sus detalles los favores que me ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas… Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”. (Se puede releer todo el capítulo VI de la Vida)

Maestro de oración

“En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a san José por lo bien que les ayudó. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino… Nunca he visto a nadie verdaderamente devoto de él y honrarlo con adoración especial sin adelantarse en virtud, porque favorece singularmente el progreso espiritual de las almas que se encomiendan a él”.

Sanación

En 1538 Thérèse estaba muy enferma y se sometió a un tratamiento doloroso. Cuenta en el libro de la Vida cómo fue curada: “Allí sufrí grandes tormentos porque el tratamiento era demasiado duro para mi temperamento. A los dos meses casi me quitaron la vida a fuerza de medicinas, estaba exhausta porque no comía, me contentaba con un poco de líquido. Estaba harta de  todo. Oh Dios mío! Quería yo la salud para  servirte mejor y es de ella que vino todo el daño causado a mi alma. Pues como me vi tan tullida y en tan poca edad [tenía 23 años] y en el estado en que me habían dejado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen; que todavía deseaba la salud, aunque con mucha alegría lo llevaba, y pesaba algunas veces que si estando buena me había de condenar, que mejor estaba así; más todavía pensaba que serviría mucho más a Dios con la salud. Este es nuestro engaño, no nos dejar del todo a lo que el Señor hace, que sabe mejor lo que nos conviene.

Así comencé a hacer devociones de misas y cosas muy probadas de devociones que hacen algunas personas, en especial mujeres… y tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir…”

Continuemos esta oración de alabanza e intercesión a San José, «protector de nuestra Orden», recomendando en particular el cuidado de las familias y la paz entre los pueblos, encomendemos el éxodo de los migrantes que huyen de la violencia y de la guerra, la marcha sinodal de la Iglesia y la vida de nuestras comunidades.

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