«¿Quién es ésta que sube del desierto apoyada en su amado?»(Ct 8,5)

Mi tiempo de formación

Hna. Maria Cecilia de la Misericordia Divina (Colombiana)
Carmelo de la Sagrada Familia (Nazareth)

Fascinada por Jesús Crucificado, el Hombre que ha realizado en la historia el Plan de Dios Padre y que ha dado su Vida por instaurar su Reino de Amor, comencé a buscar  mi lugar en este diseño  dentro de la historia concreta de mi vida.

Recorrí un largo camino de discernimiento antes de entrar al Carmelo, dejándome conducir por Aquel que nos ha prometido de estar siempre con nosotros, esta convicción ha sido la fuerza que me ha sostenido a lo largo de todos mis días: ¡Dios está siempre allí y no nos abandona jamás!

Una vez entrada en el Carmelo, dichosa de haber encontrado mi lugar, maravillada descubrí que el discernimiento y la búsqueda continúan. La formación litúrgica, el canto monástico, el tiempo prolongado de estar a solas con Dios me ayudó durante el «postulantado» a dar el paso de transición entre el estilo de vida agitado del mundo moderno y las exigencias del mundo laboral hacia las formas de una vida silenciosa, de recogimiento donde la importancia no se coloca sobre el hacer cosas, sino en la actitud de escucha interior para buscar  de responder en todo a la Voluntad de Dios.

El silencio y la soledad del Carmelo me permitieron profundizar la experiencia personal de amistad con Dios que es el núcleo de la espiritualidad carmelitana, una experiencia que se enriquece con el paso de los días y te abre a la insondable belleza del Amor de Dios.

El Carmelo me ha permitido también descubrir a María como hermana y amiga y no solo como Madre que era la experiencia que traía. María en el Carmelo se convierte en tu confidente. Fue una dicha dejarme revestir con su Escapulario en el momento de la toma de hábito, cuando con la ayuda del Director espiritual y de la Maestra de postulantes discernimos que el estilo de vida del Carmelo correspondía a la llamada personal específica que Dios me hacía.

Durante el Noviciado, la relación con la Maestra y las compañeras de noviciado fue fundamental para descubrir en mayor grado la dimensión eclesial del Carmelo  bajo las formas de vida comunitaria. Vida comunitaria y oración son los dos pilares de nuestra vida. La lectura y el estudio sistemático de Nuestra Madre Santa Teresa y de Nuestro Padre San Juan de la Cruz. El conjunto de estos factores favoreció el conocimiento de mi misma y el encuentro con la grande Misericordia de Dios. Miseria y Misericordia se encuentran. Encontrar en Jesús Crucificado el Corazón del Padre Misericordioso, Fuente de Misericordia y de perdón  abierta a todo hombre. Llegar al momento de los votos en el contexto de esta experiencia me permitió descubrir que es la Misericordia y la Fidelidad de Dios quien nos consagra y en esa nueva alianza Dios renueva su fidelidad a toda la Iglesia yo me sentí y me siento pequeñita frente a la grandeza de este Misterio de Amor.

Con los votos se inicia una nueva relación con la comunidad, uno siente la pertenencia a la comunidad, yo descubrí la comunidad como el lugar de encuentro con Dios, la comunidad es un regalo de Dios donde El te habla. En este periodo el Señor se acercó a mí con una nueva invitación, dejar mi país, mi comunidad, mi familia para venir a Nazareth. Descubrí que la Obra de Dios lleva en sus entrañas astillas de Cruz. Lleva en su seno el misterio del dolor, la crisis, el sufrimiento, es vivir la dicotomía: el espíritu es pronto pero la carne débil. Me abandoné a la decisión de mi comunidad que creyó conveniente mi traslado definitivo aquí a Nazareth. Por lo tanto, el Carmelo de Bogotá, me envió a continuar mi formación  en el Carmelo de la Santa Familia de Nazareth. La obra de Dios solo la sabe El mismo. Uno la lleva adelante, la sufre, la anima, pero difícilmente ve su fruto. Aprendí a abrazar la Cruz del Señor y cuanto más la abrazo y la acepto mas descubro el misterio de Amor escondido en los pliegues de mi vida.

Hacer mis votos solemnes aquí en Nazareth ha sido para mí una gracia muy grande, yo me maravillo de ver la grandeza del Amor de Dios con su pobre y débil criatura, estar rodeada por la gracia del Misterio de la encarnación, en el lugar mariano por excelencia, en una comunidad de 16 hermanas venidas de 12 países diferentes con mentalidades y edades diversas pero todas con un único objetivo: “La unión con Dios”.

Mi  comunidad es un regalo de Dios,  yo me  descubro rodeada de hermanas que quieren ayudarme, de rostros amigos que me testimonian el Amor de Dios, con la Comunidad   discierno la Voluntad de Dios que se realiza en la historia dentro de la cual nos sentimos llamadas a vivir nuestro rol personal y comunitario en favor de la Iglesia y del mundo entero. Nosotras convocadas a vivir nuestra vocación de carmelitas en Nazareth nos sentimos unidas por el vínculo de una misión particular en favor de la Iglesia local de Jerusalén y en favor de estos pueblos de la Tierra Santa, sin olvidar que ellos tienen en sí el sabor de la UNIDAD Y DE LA UNIVERSALIDAD.