«Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado» (Ct 2,16)

Mi consagración

Hna. Eudoquia María de la Eucaristía (Polonia)
Carmelita de Belén

La experiencia de la consagración, la decisión de comprometerme sin comprender todo, sin poder prevenir el futuro ha sido decisiva en mi vida…
El tiempo de «los votos» es muy diferente a la etapa del postulantado y del noviciado, aunque, si los dos primeros años se vive todavía en el noviciado, acompañada por la maestra de novicias.
En este tiempo se comienza a vivir aquello a lo que hemos aspirado desde hace mucho: La consagración.

Para mi ser consagrada, tejer los hilos de la intimidad con Jesús, será siempre el gran misterio de mi vida. Yo hice mi primera Profesión en el año 2000, en mi tierra natal, Polonia, en el Carmelo que era el más cercano a mi familia… Y así inicie mi aventura como consagrada…
La alegría de los primeros meses, se transformó en un discernimiento de una posible llamada al Carmelo de Belén. Mi comunidad había recibido una petición para apoyar en Tierra Santa, justamente al Carmelo de Belén.
Si he podido responder positivamente a esta invitación, ha sido gracias al don de mi consagración, a esta «extraña intimidad» con Jesús que me enseña cada vez más en profundidad, la libertad interior, que me ha permitido crear relaciones libres con mi familia y amigos. También pedí a nuestro confesor que me ayudara a discernir, a leer y a interpretar los signos de Dios  en mi vida.

Mi vida de joven profesa temporal la he vivido en la Tierra Santa. Aquí yo he aprendido a vivir en una comunidad internacional, a amar mis hermanas como ellas son, a través de todo aquello que nos diferencia y sobretodo ver este «amor loco de Jesús» que nos une más que todo.
La exigencia de una comunidad pequeña me ha ayudado a sentirme responsable de mi propia formación y de mi trabajo en comunidad.
La soledad cotidiana y las pequeñas pruebas han hecho mas fuerte mi intimidad con Jesús, mi Esposo y mi Todo!.
En el tiempo de la guerra, de la inseguridad humana que he vivido aquí han impreso en mi un gran deseo de orar por y con la Iglesia de Tierra Santa, de interceder por la gente de este país, de romper el odio reciproco. Tengo la certeza que mi comunidad internacional testimonia que el amor es posible, que se puede vivir, orar, amarse, aunque seamos diferentes y que esto es justamente una riqueza, un don de Dios.

El tiempo de mis votos temporales ha quedado en mí como un tiempo lleno de riqueza y del descubrimiento de Jesús, de mis capacidades y mis limitaciones. Un tiempo de descubrir los diferentes rostros del Carmelo: la comunidad, la liturgia cotidiana a través de la cual Dios es presente en mi vida y también el tiempo de trabajo y soledad.
El hecho de vivir lejos de mi familia y de mi país, de vivir en la Tierra del Evangelio da mi vida consagrada una característica delicada de una  aventura vivida por Jesús y con Jesús.
Es con una gran alegría que yo hice mi Profesión Solemne, comprometiéndome definitivamente en el Carmelo y en la Iglesia de Jerusalén.